Arnoldo Janssen – José Freinademetz

El itinerario de José Freinademetz hacia la interculturalidad

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Por Jürgen Ommerborn svd *

En la familia Arnoldina somos una comunidad de hermanos y hermanas de muchas naciones diferentes. Para vivir con nuestras diferencias culturales como comunidad tenemos que ser competentes interculturalmente. Hablando de interculturalidad nos referimos a un “movimiento desde la tolerancia de las diferencias a la apreciación y la celebración de las diferencias en las culturas”. ¿Qué pasó con nuestra generación fundadora? ¿Puede nuestra generación fundadora, en particular San José Freinademetz, ser un modelo para nosotros con respecto a la vida intercultural? Dado que la interculturalidad requiere movimiento, también podemos decir: la interculturalidad significa un itinerario. ¿A qué se parece el itinerario que hizo Freinademetz?

El lector está ahora invitado a acompañar a José Freinademetz en su camino hacia la interculturalidad. Mirando su vida podemos distinguir dos partes principales de este itinerario: la primera parte en el Vicariato Apostólico de Hong Kong y la segunda parte en Shantung del Sur.

El itinerario de Freinademetz hacia la interculturalidad, 1879-1881

La vida misionera de José Freinademetz en China comenzó en el Vicariato Apostólico de Hong Kong, donde al principio fue asignado a la estación misionera de Saikung desde agosto de 1879 hasta abril de 1880. De mayo de 1880 a mayo de 1881 el obispo quiso que él adquiriera experiencia como misionero itinerante, moviéndose de estación en estación y de pueblos sin cristianos para hacer los primeros contactos con la gente de allí. Freinademetz comenzó su trabajo misionero en un momento en el que muchas personas en China aún no habían olvidado las dos guerras de opio de 1839-1842 y 1856-1860. Estas guerras terminaron con tratados que humillaron terriblemente a China. ¡No es de extrañar que los europeos, incluidos los misioneros, no fueran tan bienvenidos!

El itinerario de Freinademetz hacia la interculturalidad comenzó con ataques de malaria, acostumbrándose a comer arroz y pescado dos veces al día con palitos. En pocos meses aprendió a usarlos: “El arroz y el pescado me sientan tan bien como la grasa y los fideos a usted” escribió desde el Tirol del Sur a un amigo. Una vez que empezó su vida como misionero itinerante, se vistió como un chino.

Mirando estos dos primeros años de trabajo en China, escribió: “Los dos últimos años habían sido ricos en espinas”. Experimentó la completa rotura de su sueño de ser misionero “con la cruz en la mano, proclamando las verdades reconfortantes de nuestra religión a una enorme multitud de oyentes, todos ellos ávidos de salvación (recogen y conservan cada palabra que cae de sus labios como si fueran granos de oro preciosos)”. La realidad, sin embargo, era muy diferente: “Hablamos al pueblo sobre el mundo venidero, sobre el juicio final, sobre el cielo y el infierno, pero nuestros oyentes, cuya atención creemos haber captado, sólo miran nuestras largas narices; se ríen de nuestro pobre e imperfecto chino”. Cortésmente “preguntan si hemos comido… y luego se van”. Su conocimiento imperfecto y defectuoso de la lengua era como una enorme barrera entre él y la gente que él sentía “más amargamente”. Se sentía como un extranjero despreciado por el pueblo.

¿Qué hizo a Freinademetz aceptar la vida “rica en espinas”? Miró a la cruz: sufrir con la cruz, amar con la cruz, todo por la gente “a quien ayer no había conocido, para quien quería comprar la corona de la vida eterna y una resurrección gloriosa a costa de su propia sangre. ¿Dónde hay una vida más bella que ésta, tan simple y tan variada, tan oculta y tan apostólica, tan pobre y tan rica?” Se dio cuenta que ponerse ropa china, comer y vivir como los chinos no es suficiente. Lo principal aún queda por hacer: la transformación del hombre interior, el estudio de la visión del mundo chino, las costumbres y prácticas chinas, el carácter chino y la psicología china. Para Freinademetz esto no era una obra hecha en un día, ni siquiera en un año; tampoco tuvo lugar sin muchos intentos dolorosos.

El itinerario de José Freinademetz hacia la interculturalidad toma un giro diferente: Misionero en Shantung del Sur, 1882-1908

La transformación de Freinademetz, del hombre interior, comenzó con el inicio de su trabajo misionero en Shantung del Sur, que había sido confiado a los misioneros de Steyl el 18 de enero de 1882. Su transformación progresó cuando conoció mejor a la gente, su idioma y su modo de vida. Viajando de aldea en aldea en la zona confiada a su cuidado, se quedaba un par de días con cada familia, y eso lo cambió. Comenzó a sorprenderse por su forma de llevar la pobreza y quedó asombrado por la educación y el conocimiento de los campesinos más sencillos. “Algunos de ellos conocen la historia de su país desde hace 3.000 años; incluso el hombre sencillo a menudo cita pasajes de Confucio, el hombre santo como siempre se le llama. En realidad todo el mundo usa todo el tiempo una cantidad de proverbios significativos.

A pesar de que el pueblo chino nunca estudió matemáticas, son capaces de contar números y hacer fracciones mucho más rápido y con más certidumbre que nosotros europeos”. En conjunto “son inusualmente dotados. En muchos asuntos mundanos están muy por delante de los europeos”.

Se sintió profundamente conmovido de su amor por él: “Para preparar mi comida, incluso quemaron la tapa de madera de la olla, porque no había nada más para encender el fuego”. Tales y similares experiencias de amor lo hicieron dar este consejo a los nuevos misioneros que acababan de comenzar a aprender el idioma chino: “Los paganos se convertirán sólo a través de la gracia de Dios y, agreguemos, a través de nuestro amor. El amor es la única lengua extranjera que los paganos entienden. Por lo tanto, no dejes que surja en ti ninguna aversión por el pueblo chino y su modo de vida chino. Los chinos sienten inmediatamente si un misionero los trata con respeto y amor. Si la gente dice acerca de alguien: No nos quiere a nosotros chinos, entonces cualquier cosa que haga no tendrá ningún efecto”.

En el camino junto con los chinos

Como acabamos de ver, Freinademetz no hizo solo su itinerario hacia la interculturalidad, sino en conjunto y en interacción con los chinos. La parte de los chinos en este itinerario hacia la interculturalidad se expresa en sus acciones; en primer lugar en su conversión. Cuando Anzer comenzó en Shantung del Sur, había solamente cerca de 158 cristianos. Cuando Freinademetz murió, en enero de 1908, el fruto del trabajo de los misioneros fue de 45.000 bautizados y casi el mismo número de catecúmenos. Había oratorios y pequeñas capillas en todas las 1.100 comunidades. Entonces los católicos aceptaron un sufrimiento terriblemente cruel: ser expulsados de sus familias, injustamente encarcelados, incluso asesinados por causa de su fe en Cristo, que los misioneros habían traído. Freinademetz veía reflejado en su sufrimiento el sufrimiento de Jesús. Lo que lo tocó era el amor que la gente le mostraba. En una ocasión dijo: “Los cristianos aman a su sacerdote tal como lo hacen en Europa, tal vez más”. Sentía tanto amor que sólo podía decir: “Le aseguro honesta y sinceramente que amo China y a los chinos, que estoy dispuesto a morir mil muertes por ellos”.

* P. Jürgen Ommerborn svd, Director del Centro de Espiritualidad Arnoldo Janssen, Steyl-Holanda

(Fuente: Arnoldus Nota, marzo 2017)

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