Arnoldo Janssen – José Freinademetz

El Espíritu Santo, nuestro Padre y verdadero Fundador

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Redescubriendo una tradición en nuestra Congregación

Por Andrzej Miotk svd *

El Espíritu Santo nos otorga luz y fuerza para unir armoniosamente nuestro doble carisma como congregaciones religiosas y misioneras

El P. Arnoldo Janssen fue uno de los más grandes devotos del Espíritu Santo en el mundo católico, en un momento en que la tercera Persona Divina rara vez era venerada y en cierta forma olvidada.

Hay que pensar que el primer documento papal enteramente dedicado al Espíritu Santo (la encíclica Divinum illud munus) apareció en 1897. Arnoldo solicitó personalmente a la Santa Sede que se hiciera una encíclica sobre el Espíritu Santo ocho años antes. Un siglo más tarde, en el umbral del tercer milenio, la preocupación de Janssen todavía parecía oportuna y pertinente. El entonces Papa Juan Pablo II pidió un nuevo descubrimiento de la presencia del Espíritu Santo como una de las tareas más importantes de nuestro tiempo.

Como Misioneros del Verbo Divino necesitamos ser conscientes de nuestro fundamento espiritual, en el cual el Espíritu Santo es nuestro Padre y verdadero Fundador, al tiempo que nos lleva a una estrecha e íntima cercanía con el Verbo Divino, el agente más importante en nuestra tarea misionera. Por lo tanto, Janssen quería que nos convirtiéramos en verdaderos hijos del Espíritu Santo y de ninguna manera la devoción al Espíritu Santo debería ser eclipsada por cualquier otra devoción: “Fomentar la devoción especial al Espíritu Santo es el objetivo de nuestra Sociedad. Que esto siga siendo nuestro objetivo y que nadie se desvíe de él”.

Esta reflexión revela la devoción de Arnoldo Janssen al Espíritu Santo como “una de las mayores gracias de mi vida” en tres pasos: La división espiritual, la expresión práctica y la novedad vivificante.

1. La división espiritual

Entre los años 1883 y 1884, la veneración del Espíritu Santo creció en la vida de Arnoldo Janssen. Esta creciente veneración estuvo particularmente influenciada por estímulos y sugerencias concretas del Padre vicentino Ferdinand Medits, y la vidente Magdalene Leitner.

La veneración se ve más como un desarrollo orgánico, no como una ruptura, que se puede remontar en una secuencia cronológica de semillas plantadas a la espera de florecer. La primera semilla plantada en Arnoldo fue la ardiente devoción de su padre al Espíritu Santo (todos los lunes asistía a la misa en honor del Espíritu Santo). Esto llevó a la resolución de Arnoldo justo antes de su ordenación diaconal (marzo de 1861) de celebrar la misa todos los lunes en honor del Espíritu Santo.

Por otra parte, su devoción predominante al Sagrado Corazón de Jesús (hasta 1883) intensificó su devoción al Espíritu Santo. Arnoldo escribió en el número de junio del Pequeño Mensajero del Sagrado Corazón (1874): “Por tanto, veneremos y amemos al Espíritu Santo sobre todo, venerándolo y amándole especialmente en el Sagrado Corazón de Jesús a través de cuya mediación le recibimos. En el Divino Corazón veneramos la plenitud del Espíritu Santo, a quien el Padre y la Palabra enviaron a su humanidad sagrada.

A través del Espíritu Santo, el Sagrado Corazón fue hecho fuente de la caridad y el tesoro de todas las gracias” (Const. 1885). Así, el Corazón Divino –el altar del Amor Divino– es la obra maestra del Espíritu Santo, que es la encarnación de este amor inmerecido e incondicional de Dios por todos.

Estudiando los misterios del cristianismo de Mathias Scheeben (1865), Arnoldo reconoció la unidad inseparable entre el Espíritu Santo y el Sagrado Corazón, encarnado en el medallón de la Sociedad y venerado a través de la devoción de Junio (Const 1922/147), que nos llama a la transformación de nuestros corazones por el poder del Espíritu Santo a semejanza del Corazón de Jesús.

2. Expresión práctica

Para el P. Arnoldo, el Espíritu Santo no era un abstracto teológico sino un amigo vivificante con quien estaba profundamente unido en oraciones e invocaciones constantes. El Espíritu Santo evoca un sentido de experiencia comunitaria al informar sobre el primer Capítulo General (1885) a los misioneros en China: “Por una gracia especial del Espíritu Santo nuestras deliberaciones fueron marcadas por una convergencia casi milagrosa de opiniones para que todos nuestras decisiones, con algunas excepciones relativas a asuntos más leves, fueran aprobadas por unanimidad…”.

El amor de Arnoldo al Espíritu Santo inflamó el deseo de ganar el mundo entero para el Reino de Dios y encontró expresiones multifacéticas, como la invocación especial al Espíritu Santo en la Oración del Cuarto de Hora (1883); los artículos habituales en el Pequeño Mensajero del Sagrado Corazón (1885) con un suplemento especial llamado Ven, Espíritu Santo (desde 1887); la consagración personal y de la congregación al Espíritu Santo (1887-1888); el escudo episcopal del Obispo Anzer con la efigie del Espíritu Santo (1886); la fundación de dos congregaciones femeninas dedicadas al Espíritu Santo (1889/1896); la Liga de Misas (1891); cada lunes y especialmente el tercer lunes del mes dedicados al Espíritu Santo; Misas votivas; Breviario, charlas y conferencias, procesiones de Pentecostés en San Wendel y San Gabriel; Confraternidades en Steyl y San Gabriel; establecimiento del santuario central de la Congregación para honrar al Espíritu Santo en San Gabriel (1889) con una magnífica iglesia votiva para aumentar la devoción al Espíritu Santo -Dios del Amor eterno- (1900); Las dedicaciones de las casas misioneras (East Troy, Berlín, Nemi, Warszawa, São Paulo); Escuelas-seminarios-noviciados (Santiago, Santo Amaro, Tagaytay, Calapán, Batu / Malang); Iglesias y catedrales (Buenos Aires, Yanzhou, Tsining, Techny, Accra, Madang); Misiones y Provincias (Shandong del Sur / China, PNG, Japón, Alemania del Este / Austria, Argentina-Este, Bélgica, Mumbai, Java); la construcción de la Casa Madre SSpS como San Wendel en forma de paloma.

Arnoldo quería en cada seminario misionero una imagen del Espíritu Santo con una lámpara votiva cerca de la entrada principal. En los primeros años los sacerdotes que entraban en la Congregación hacían sus votos en grupos de siete para llamar la atención sobre los siete dones del Espíritu Santo. Arnoldo Janssen también estaba muy complacido cada vez que los sacerdotes diocesanos decían que un sacerdote seguramente venía de Steyl, ya que hablaba con tanta facilidad sobre el Espíritu Santo.

3. Novedad vivificante

La veneración ardiente y gozosa de Arnoldo Janssen hacia el Espíritu Santo nunca fue algo aislado, sino que estaba profundamente arraigada en la Santísima Trinidad, el fundamento real de toda su espiritualidad. La veneración al Espíritu Santo lo sumergió en las profundidades de la vida de la Trinidad y le dio una comprensión más profunda del Amor Divino. Él compartió la comprensión de la Iglesia del Espíritu Santo como el dador de vida, inspirador, animador, guía, consolador y santificador de almas. Pero él también introdujo una novedad teológica por su combinación única de la devoción al Verbo Divino y al Espíritu Santo (ambos existían en la iglesia por separado). De hecho, la Solemnidad de la Santísima Trinidad como principal celebración litúrgica de la Congregación, subraya la noción de que damos igualmente un honor especial al Verbo Divino y al Espíritu Santo y los consideramos como dos misioneros inseparables del Padre.

El Verbo Divino es el patrón titular de la Congregación y permanece con nosotros en la Eucaristía. Ésta es nuestra tarea principal y sólo es posible lograrla con la gracia del Espíritu Santo. Este último, el Espíritu vivificante que nos ha dado Jesús en la Cruz, nos concede la luz, la fuerza, el coraje y la docilidad necesarios para cumplir nuestra tarea misionera. Sólo cuando caminamos en el Espíritu, que habita en nosotros, su fuego destruye en nosotros al hombre viejo y da vida al hombre nuevo.

Arnoldo Janssen experimentó personalmente esa transformación haciéndose más tranquilo, equilibrado y alegre. Él sabía que caminar en el Espíritu nos ayuda a ceder ante la tentación del activismo y del espíritu mundano. El Espíritu Santo nos otorga luz y fuerza para unir armoniosamente nuestro doble carisma como congregaciones religiosas y misioneras. Esto implica que el ser horizontal (el ser de los demás con las actividades de la misión) y el ser vertical (el ser de Dios con nuestra identidad religiosa) pueden fortalecerse y vitalizarse mutuamente.

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Nuestro Fundador, Arnoldo Janssen, consideraba que el éxito futuro de la Congregación dependería del ejercicio de esta devoción y con su ejemplo, él nos mostró que una entrega total al Espíritu Santo, trae abundantes bendiciones en la obra misionera.

* P. Andrzej Miotk svd, historiador SVD

(Fuente: Arnoldus Nota, junio 2017)

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