Arnoldo Janssen – José Freinademetz

El Padre Arnoldo y el humor

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Por Paulus Budi Kleden svd y el Equipo de Liderazgo SVD

Eran las navidades de 1908, Anna Terhoeven, la hija de Peter Janssen, visitó a su tío enfermo, el padre Arnoldo. Fue a visitarlo a petición de su otro tío, Gerard, que había expresado el deseo a su hermano Arnoldo de celebrar su 25 aniversario de boda en Steyl en febrero de 1909. “No, no debe venir en febrero, para entonces ya no estaré aquí”, le dijo el P. Arnoldo a Anna como una inconfundible premonición. Entonces le dijo: “Ven en enero, alrededor del 13 ó el 14 (después dijo suavemente para sí mismo), no, el 12, ven solamente ese día”. Se fue al cielo el 15 de enero de 1909.

Han pasado 110 años desde la muerte de nuestro querido Fundador y Padre Arnoldo. Pero la llama de su sublime legado aún vive en nuestros corazones y en nuestra memoria colectiva. Cada vez que celebramos su fiesta, lo recordamos con cariño filial y tierna devoción.

El P. Arnoldo y la risa

Mucho se ha dicho y escrito sobre el P. Arnoldo, su vida, su visión, su bondad y su espiritualidad. Hoy nos gustaría insistir en un aspecto de su carácter, en su sentido del humor. Aunque muchos de sus contemporáneos consideraron al P. Arnoldo como un hombre serio, incluso severo y estricto, en realidad poseía en alto grado el lado más brillante y más ligero de la naturaleza humana.

El P. Hermann Fisher recuerda en sus memorias que al Fundador le encantaba “unirse a sus cohermanos con una carcajada; tenía sentido del humor y le gustaban las bromas”. De hecho, el P. Arnoldo tenía un sentido muy agudo para lo inesperado, el deleite, y la diversión.

El Hno. José Lidwinus, escribe en su libro de memorias que una mañana el P. Arnoldo, después de esperar pacientemente a que le sirvieran, fue él mismo a buscar su propio desayuno. Estaba enfermo y por eso tenía derecho a un huevo en el desayuno. Pero eran tiempos difíciles en San Ruperto. Sólo había unas pocas gallinas que ponían huevos. El P. Arnoldo encontró al Hno. Goslinus acariciando a una gallina en la cocina, que le dijo seriamente a modo de disculpa: “Tres veces ya he palpado debajo de la gallina, pero el huevo no ha salido”. El P. Arnoldo se rió y regresó a su habitación sin desayunar un huevo.

La bondad y el humor del P. Arnoldo

La amabilidad del P. Arnoldo también se manifiesta en su sentido del humor. La Hermana Gertrudis Solana SSpS, recuerda en sus memorias la última visita de San Arnoldo a una Hermana moribunda, llamada Salesia, que le hizo una pregunta divertida: “¿Qué tipo de saludo debo usar cuando llegue al cielo? ¿Debo decir Alabado sea Jesucristo o, como Sierva del Espíritu Santo, debo saludar primero al Espíritu?” El P. Arnoldo debe haber sonreído. Le dijo amablemente a la moribunda Hna. Salesia: “Primero debes saludar a la Santísima Trinidad, luego a la santa humanidad de Jesús y luego a la querida Madre de Dios”.

A otra hermana, en el momento de su muerte, el Padre Arnoldo le preguntó si había algo más que quisiera después de recibir la Santa Unción. La Hermana moribunda aprovechó la oportunidad y le dijo: “Quiero un codillo de cerdo cocido”. El fundador soltó una carcajada. La Hermana obtuvo su último deseo antes de dejar este mundo.

La gentileza y el humor del P. Arnoldo

El P. Arnoldo también mostraba su dulzura a sus hijos e hijas a través de su agudeza tranquilizadora. El P. Juan Bautista Peil recuerda a un colega, Anton Ernst, que era el gracioso del grupo. Lo único que le agriaba el humor eran las matemáticas.

Un día, Ernst tuvo problemas con las matemáticas. El Padre Arnoldo, con una sonrisa, le dio una palmada en el hombro diciendo: “No te desanimes Ernst. A pesar de que no entiendes las matemáticas todavía puedes ser un buen misionero”. De hecho, llegó a ser un buen misionero que celebró su aniversario de plata sacerdotales en Buenos Aires, Argentina.

La atención plena y el humor del P. Arnoldo

Aunque el P. Arnoldo tenía una risa cordial, no le gustaban las bromas que degradan u ofenden a las personas. Un cohermano le dijo una vez a otro durante el desayuno: “Padre Liebhart, anoche hizo tanto ruido con sus ronquidos como los animales salvajes cuando chillan por la comida”. El P. Arnoldo, que estaba sentado al lado del cohermano, se frotó la nariz y le dijo: “Nadie debería decir algo así”. El cohermano respondió: “No le he hecho daño a nadie”. “Pero tampoco te ha honrado, y es contrario a la caridad”, le dijo el P. Arnoldo.

Prohibió estrictamente las críticas denigrantes y los chistes sobre cualquier nación o raza. Por dejar caer un comentario poco halagador sobre los holandeses, el P. Arnoldo reprendió firmemente a un seminarista y le ordenó que recitara 30 veces “Jesús mío, ten misericordia” y 20 veces “Dulce Corazón de María, sed la salvación del alma mía. ¡Alabado sea Jesucristo!”

Para Arnoldo, prestar plena atención a los sentimientos de los otros, era la parte principal en los comentarios ingeniosos y humorísticos.

La humildad y el humor del P. Arnoldo

Aunque el P. Arnoldo ha prohibido a los cohermanos contar chistes que rebajaran a otros, él con coraje se exponía a sí mismo a comentarios humorísticos. Sabía cómo reírse de sí mismo.

El P. Arnoldo no estaba dotado de una buena voz para cantar. Una vez, después de cantar una misa, unos seminaristas se estaban burlando de él e imitando su canto en el parque, debajo de un árbol. El P. Arnoldo apareció de repente y, para alivio de los seminaristas, se puso a reír y les dijo: “Lo hacéis casi bien, pero no del todo”.

El P. Arnoldo llevaba dentadura postiza. El Hno. Christopher Knaup, cocinero de Steyl, lo vio dos veces en su habitación quitándose la dentadura y le dijo con un suspiro: “¡Pero qué molestia son estos dientes!” Como tenía dificultad para masticar porque sólo le quedaban unos pocos dientes suyos, usaba su navaja de bolsillo para cortar el pan y masticar lentamente los trozos pequeños. Una vez, dos muchachos italianos lo vieron cortar el pan con un pañuelo rojo extendido en su regazo. Ellos se rieron de él, pero el P. Arnoldo se mantuvo inquebrantable.

El P. Arnoldo se consideraba tan pequeño ante Dios, que podía ver la realidad y la verdad con claridad. Se dice que la verdad es el origen del ingenio y el humor.

Renovación espiritual y humor

El sentido del humor de Arnoldo va unido a su gentileza, amabilidad y mansedumbre. Nos da una buena imagen de su personalidad y espiritualidad. También podemos aprender del sentido del humor de San Arnoldo para renovarnos y transformarnos espiritualmente.

Al igual que el Padre Arnoldo, tenemos que ser amables y gentiles entre nosotros. Tenemos que respetar nuestras diferencias personales o culturales. Al igual que el Padre Arnoldo, tenemos que ser alegres de corazón, y así, convertirnos en “misioneros más alegres”. (Gen. Chap. 52). Y no nos tomemos demasiado en serio a nosotros mismos, ni magnifiquemos nuestra persona, nuestra posición, nuestros proyectos.

Para concluir, recordemos una anécdota divertida sobre el Padre Arnoldo. La historia no es verificable, incluso puede ser apócrifa. Pero vale la pena volver a contarla aquí, porque hay una lección que aprender de ella.

El P. Gerhard Breuer rememora en sus memorias cómo el Padre Reidick, a quien el P. Arnoldo había designado como el primer superior regional de las Casas SVD de Europa en 1908, después de ser informado se dirigió al Fundador y le dijo: “¿Cómo puede nombrar a un asno como yo para este trabajo?” El P. Arnoldo le respondió al P. Reidick: “Bueno, como no había ningún caballo disponible, tuve que elegir a un asno”.

Paulus Budi Kleden svd y el Equipo de Liderazgo SVD

(Fuente: Arnoldus Nota, enero-febrero 2019)

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