Arnoldo Janssen – José Freinademetz

Espiritualidad de José Freinademetz

José Freinademetz tenía una profunda espiritualidad que abarcaba toda su persona. Era capaz de integrar en su horizonte espiritual tareas que no le caían bien, poner su vida entera, con todas sus facetas, al servicio de su vocación.

Freinademetz fue lo que se dice un “gran orante”, un hombre “piadoso”. En la preparación del primer Sínodo Diocesano de Shandong meridional, bajo el tema “El clero” sale a flote su actitud fundamental: “¿Crees poder llegar a ser santo sin meditación, lo que ningún santo consiguió? ¿La meditación es tiempo perdido? Todo lo contrario, sin meditación la vida está perdida. Además resérvate un día al mes para dedicarlo a la oración y meditación. Son los días más hermosos y útiles de la vida, en los que el Espíritu Santo ha prometido hablar al corazón”.

Para muchos era edificante verlo rezar. “Por lo general se arrodillaba en el coro de la iglesia, y para nosotros era siempre una vivencia extraordinaria verle rezar. La imagen de este sacerdote arrodillado quedó indeleble en mi recuerdo. Se tenía la impresión que nada podía disturbarlo. Fue un gran hombre de oración. Su piedad era abierta y entusiasta” (Cardenal Tien).

Henninghaus cita expresamente entre las “fuentes de las que vivía, la oración” que para él era “elemento y alegría vital”. Por más que trabajase hasta muy entrada la noche, dedicaba siempre tiempo a la oración y a la lectura espiritual. En el verano Freinademetz comenzaba el día de trabajo ya a las tres de la mañana con la oración y meditación. El breviario lo rezaba, por lo general, arrodillado, y otras veces de pie sin apoyo ninguno. Seguramente recordaba su niñez cuando, en familia y arrodillado en el duro piso de tabla, rezaba diariamente el rosario ante el altar doméstico.

La santa misa la celebraba “digna y piadosamente, sin prisas, pero sin hacerse pesado por la lentitud” (Henninghaus). Evidentemente, tampoco en estas cosas el tirolés deseaba ser molesto…

El nombre oficial de los misioneros de Steyl: “Congregación del Verbo Divino” lo llevaba como impreso en el cuerpo. En un documento para el Sínodo exige: “Diariamente lectura espiritual; no dejar pasar un día sin meditar las Sagradas Escrituras que llamamos ‘el libro del sacerdote’. ¡Ay de ti si dejas que se seque en ti la fuente de la piedad!”.

Es buen conocedor de la Biblia, la cita con frecuencia, generalmente en latín; sobre todo, encontraba siempre comparaciones apropiadas para situaciones concretas; ciertamente interiorizó la Biblia, que para él no es letra muerta o “seca”, sino verdadera vida, fuente de la que sabe beber.

Con la misma convicción anima a sus cohermanos a seguir con la formación permanente: “¡Cultiva con diligencia el estudio! ‘Por haber rechazado la Sabiduría, te rechazo yo a ti’ dice la Sagrada Escritura”. Sirva como ejemplo de su manera de citar la Biblia.

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